





Sé -por lo que cuentan y no por lo que recuerdo- que mi cuerpo reposaba en una cama.
Este mismo cuerpo, que ahora parece otro, lo usaré como testimonio de la vez en que
estuve suspendida entre dos estados, dos fuerzas, dos universos. De que estuve contenida
en una burbuja de dos naturalezas, ambas igual de inmensas y misteriosas.
Mi rostro, el que ve, escucha, saborea y presencia, estuvo cerca a la epifanía total, que
nadie más que yo verá. Y el cuello, que es la madre, que comunica y es canal para el
alimento, unirá los sistemas. El resto del cuerpo será como un ancla a este plano de más
abajo. Pero estará abandonado, flotando. Reposando en otro misterio también
desconocido.
Sé que volví. Y en el camino solté la piel muerta.
Me enteré de que este, mi cuerpo sútil, está fabricado con las mismas fibras de la
maquinaria del sol. Sin embargo la imagen será el fotograma anterior a este momento.